sábado, 6 de diciembre de 2008

En la isla del oráculo





Nadie hablaba del por qué, pero la playa de esta isla rebosaba de balsas. No era muy grande.
Podías encontrarte con todos en el breve sendero que te llevaba de la playa al roble, sobre todo cerca del árbol. Y, sin importar el tiempo que hiciera, todos los que te encontrabas desprendían buen humor, cuando menos una amable y tranquila camaradería.
Habían oído hablar del árbol centenario que, recostándose tranquilamente sobre su alfombra, te escuchaba, te hablaba y te hacía ver las cosas como verdaderamente son. Un gurú. Sólo tenías que acercarte a él, relajarte y mirar el gracioso vaivén de sus hojas, de sus ramas. Si intentabas entenderle de verdad, escucharle, mirándole fijamente, podías 'ver' las respuestas, como en uno de esos dibujos en tres dimensiones, ésos que tienes que mirar más allá de ellos para poder verlos, que aparecen como por arte de magia.
Fué una visita breve, demasiada gente para mí.
El roble me enseñó lo que ya había visto en el mar.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Contra viento y marea




Mientras los demás se resguardan de los vientos yo busco la brisa que infle mi vela.
Habrá quien, desde su orilla, mire mi balsa y me imagine buscando ser parte de sus conversaciones. No me importa, veo a través de ellos, no los veo.
Por mucho que piensen ni siquiera saben quien soy.
Yo, transparente y solo también, miro al cielo, oteo, venteo.
El rumor de las olas se repite incesantemente en mi cabeza, y despierta las ganas de navegar hasta lugares solitarios, donde la soledad es menos.

sábado, 25 de octubre de 2008

Cuando llegue la marea



Hace tiempo que abandoné los prejuicios. Durante una travesía los eché al agua, y mientras los veía hundirse me hice el sordo, tarareando aquella canción. No los echo en falta.
Todos estamos hechos de lo mismo. Sólo nos diferenciamos en las proporciones del millón de cosas que, combinadas, nos forman por fuera y por dentro. Las combinaciones son infinitas.
¿Por qué, entonces, veo a los demás tan parecidos y a mí tan distinto?
Si me he convertido en piedra, como todos mis congéneres, impenetrables, ¿por qué, aún así, me encuentro tan fuera de lugar entre los míos?, ¿tan fuera de tiempo?
Vuelvo a tararear la canción. Auyenta algunos pensamientos, pero enciende otros. Cuanto más repito su estribillo, más arde el deseo de ver llegar la marea, de que sus olas me hagan flotar y me saquen al mar, donde imagino que están las respuestas. Entonces cantaré mientras me alejo y, quizá, alguien desde la orilla tenga las mismas preguntas en su cabeza. Porque todos estamos hechos de lo mismo, pero, siendo así, ¿por qué...?
...
...
How does it feel
How does it feel
To be without a home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

lunes, 6 de octubre de 2008

Entre Sueños



Mi malhumor ha pasado a ser tristeza desde que todos se han ido. Tanto uno, como llamaradas, como otra, que va inundándolo todo, manan de esa parte de mí que siempre ha sabido cuándo me equivocaba.

Esa parte, triste como el resto, mantiene firme el timón sin decirle nada, sin ni siquiera pestañear en medio de las peores tormentas. El yo que quisiera ser, y soy. Ese que en mis sueños veo en una imagen fija, de un perro atado a la puerta de un bar. Al final todo se concentra en el reflejo del espejo de la pared, ahí donde está, sabiendo lo que tiene que hacer pero esperando paciente a su compañero de viaje, todavía atado cuando él está suelto.

Sin embargo, en vez de mantenerlo casi siempre al timón dejo que otros, menos cabales, sean los que dirijan mi balsa. Y él sigue a lo suyo, siempre atento, siempre con la respuesta adecuada, si le preguntas.

Al despertar vuelvo a pensar que, si miro al horizonte, veré como todos van llegando a la playa para volver a pasar el verano. Sueño despierto.

Y si me duermo sueño que ella se va. Me quedo solo entre las sombras de los árboles que siempre atraen la brisa y, también en verano, te hace desear tardes interminables. Pero todo acaba y por eso él me lo va susurrando entre sueños.

Ella me lo había dicho y, para no aceptarlo, me hice protagonista de un guión de hollywood, sí, se tenía que marchar, pero tres escenas más allá nos volveremos a encontrar y aún será mejor, y para siempre. El me dejó ver cómo se alejaba, por el camino, y cuando el eco de sus pasos ya se apagaba, yo estaba en la escena donde vuelven a oirse los pasos, cada vez más fuertes, y ella corre a abrazarme...

Esa cara de estúpido, la que debía compartir en ese momento con el violinista que ejecuta un emocionadísimo sólo mientras la pantalla se funde en negro, aparece 'the end' y la realidad vuelve como un cubo de agua fría, esa cara mientras veo el beso final, fué el último recuerdo que se llevó de mí allá donde haya ido a parar. Nunca más nos hemos visto. Y no sé si alguna de mis botellas le habrá llegado, aunque sea a través de otro náufrago. En ellas metí, también, duplicados de mis cartas de navegación, por si ella las descifra. Por si me descifra.

Cuando fué demasiado evidente que esta película no acababa así, mientras se hacía real la realidad, él me miraba haciendo un gesto de negación con la cabeza en cuya cadencia se podían oir 'no tienes remedio' y otros reproches.

Ahora me ha dejado solo. Esta absurda cabezonería de permanecer en la isla, de que llegue el verano después del verano, ha vaciado su paciencia. No lo busco, porque sé que en poco tiempo volverá con paciencia renovada. Su fidelidad es comparable a la mayor conocida, la que se regala sin tenerlo merecido, sin condiciones, la de un perro.

De noche viene a verme, lo sé porque sueño. Y me veo pensando, una y otra vez, en los reflejos del pasado mientras espero, solo, desorientado, a que se abra la ventana. El está fuera deseando que yo sepa salir y espera, paciente y fiel.


miércoles, 24 de septiembre de 2008

Isla de Verano



La brisa se ha empeñado en despertarme, se ha vuelto fría, en vez de fresca. Se ha hecho viento.
Y con él inflando las velas, van partiendo las balsas de esta isla de verano. Porque aquí es el viento, y no la luna, quien trae consigo la marea que me obligará a partir.
Me quedaré aquí hasta ese momento en el que no tenga otro remedio que coger lo que queda de mi balsa, con los recuerdos de este verano como provisiones en las que rebuscar.
Haré como de niño, como en los días que no quería salir de la cama y conseguía hacerme el remolón demasiado tiempo, bajo las sábanas.
Me he encerrado en esa tozudez, queriendo comprobar que es mentira lo que todos saben, que en una semana esto estará bajo el agua, siendo sólo parte del silencio.
Y a éste es al que temo.
En él hacen eco mi miedos, que son los que me tienen atado. En el silencio se ilumina la evidencia que acrecienta mi ira, hacia todos, hacia todo; hacia mí.
Entre palabras, las despedidas se habían llenado de miradas que gritaban la verdad. Debería haberles dicho que no estoy loco, más bien es una pataleta, como de niño.
Al último náufrago que se fué estuve a punto de insultarle, de tirarle piedras, de ladrarle 'vete ya', para acelerar su partida.
Ese mismo día decía, soñaba, lo que mis ojos repiten hace días, 'quedaté, demos un paseo', 'charlemos un poco más'.

viernes, 15 de agosto de 2008

The eye in the sky


Cuando la estancia en tierra firme se alarga unas semanas, algunos náufragos levantan altares cerca de donde duermen. Los he visto de todos los tipos y todos eran un derroche de imaginación, sin duda acentuada por la fe.
La sensación de que, como decía la canción, hay un ojo en el cielo que no se pierde nada de lo que hacemos, la hemos tenido todos. Más de un insecto o perro inoportuno se han librado de mi maltrato al pasarme por la cabeza, sólo un segundo, la duda de un futuro juicio. Cada cual que haga aquello en lo que crea, yo ahora creo en lo que vi.
Un día, no sé si mientras dormía, abrí los ojos y estaba allí.
Me miraba, así que yo también lo miré. Y tengo que reconocer que más allá de su pupila adiviné, también, el universo. Dentro estaba el equilibrio, la sabiduría, todo demasiado perfecto para ser de este mundo. Creyendo encontrarme ante uno de los que llaman ‘dios’, concentré mis sentidos en el centro de aquella esfera segundos antes de que decidiera privarme de su presencia.
Desde entonces he seguido viendo creyentes de todo tipo, todos piadosos por temor a quien los ve.
Sigo mi travesía sin construir altares, porque he visto el ojo y en su centro estaba yo.

viernes, 8 de agosto de 2008

Mecido por las olas


Las mareas y corrientes, suaves unas y siempre caprichosas las otras, me mantienen estos dias a poca distancia de una isla, como si mi balsa fuera su luna más próxima.
Tengo remos a babor y estribor, y allá en la popa todo lo que necesito.
Dejaré que el sol alimente mi piel y que las olas me mantengan adormecido.