miércoles, 24 de septiembre de 2008

Isla de Verano



La brisa se ha empeñado en despertarme, se ha vuelto fría, en vez de fresca. Se ha hecho viento.
Y con él inflando las velas, van partiendo las balsas de esta isla de verano. Porque aquí es el viento, y no la luna, quien trae consigo la marea que me obligará a partir.
Me quedaré aquí hasta ese momento en el que no tenga otro remedio que coger lo que queda de mi balsa, con los recuerdos de este verano como provisiones en las que rebuscar.
Haré como de niño, como en los días que no quería salir de la cama y conseguía hacerme el remolón demasiado tiempo, bajo las sábanas.
Me he encerrado en esa tozudez, queriendo comprobar que es mentira lo que todos saben, que en una semana esto estará bajo el agua, siendo sólo parte del silencio.
Y a éste es al que temo.
En él hacen eco mi miedos, que son los que me tienen atado. En el silencio se ilumina la evidencia que acrecienta mi ira, hacia todos, hacia todo; hacia mí.
Entre palabras, las despedidas se habían llenado de miradas que gritaban la verdad. Debería haberles dicho que no estoy loco, más bien es una pataleta, como de niño.
Al último náufrago que se fué estuve a punto de insultarle, de tirarle piedras, de ladrarle 'vete ya', para acelerar su partida.
Ese mismo día decía, soñaba, lo que mis ojos repiten hace días, 'quedaté, demos un paseo', 'charlemos un poco más'.